R.E.S.P.O.N.D.E.: cómo dejar de vivir a merced de tus emociones y actuar desde tus valores
Durante mucho tiempo hemos hablado de las emociones como si fueran fuerzas internas que simplemente aparecen, nos dominan y nos empujan a reaccionar.
“Me hizo enojar.”
“Me puse nervioso y no pude controlarlo.”
“Soy ansioso.”
“Ese cliente me sacó de quicio.”
“Mi colaborador está desmotivado.”
“Esa persona tiene cara de molesta.”
Pero las charlas TED
de Lisa Feldman Barrett y Susan David nos invitan a mirar la vida
emocional con mucha más profundidad.
Lisa Feldman Barrett
cuestiona la idea de que las emociones sean reacciones universales, automáticas
y preprogramadas. Su propuesta es que el cerebro construye experiencias
emocionales dando significado a las sensaciones corporales y al contexto, a
partir de experiencias y conceptos aprendidos.
Susan David, por su
parte, nos recuerda que la madurez emocional no consiste en negar emociones
difíciles ni en reemplazarlas por positividad forzada. Su propuesta de agilidad
emocional consiste en reconocer lo que sentimos con honestidad, crear espacio entre
emoción y acción, y elegir conductas coherentes con nuestros valores.
Ambas ideas se
complementan poderosamente.
Barrett nos ayuda a
entender cómo construimos significado emocional.
David nos ayuda a
decidir qué hacer con lo que sentimos.
Una nos dice:
“No asumas tan rápido
lo que estás sintiendo o lo que otros sienten.”
La otra nos dice:
“No obedezcas
automáticamente todo lo que sientes; escucha la emoción, pero deja que tus
valores orienten tu conducta.”
Por eso, este artículo
propone el modelo R.E.S.P.O.N.D.E., una herramienta práctica para
líderes, equipos, docentes, vendedores, asesores de servicio y cualquier
persona que quiera desarrollar mayor inteligencia emocional aplicada.
La idea central:
tus emociones son reales, pero no son órdenes
Las emociones son
reales.
Se sienten en el
cuerpo.
Afectan nuestras
decisiones.
Influyen en nuestras
relaciones.
Modifican nuestra
forma de hablar, escuchar, liderar, vender y servir.
Pero una emoción no es
una sentencia.
Sentir enojo no obliga
a atacar.
Sentir miedo no obliga
a retirarse.
Sentir vergüenza no
obliga a esconderse.
Sentir frustración no
obliga a rendirse.
Susan David lo plantea
con mucha claridad: las emociones contienen información, pero no son órdenes.
Podemos separar dos preguntas: “¿qué siento?” y “¿qué quiero hacer con esto?”.
Esa pequeña distancia
es una de las bases de la libertad emocional.
Porque no siempre
elegimos lo que aparece dentro de nosotros, pero sí podemos aprender a
relacionarnos de otra manera con eso que aparece.
Y ahí entra Lisa
Feldman Barrett con una idea igual de poderosa: una emoción no es solo una
reacción automática; también es una construcción de significado. El cerebro
interpreta sensaciones corporales y contexto para construir una experiencia
emocional.
Eso significa que
podemos entrenar mayor flexibilidad.
No para controlar todo
a voluntad.
No para negar lo que
sentimos.
No para culparnos por
sentir.
Sino para ampliar
nuestras posibilidades futuras de respuesta.
El riesgo de
interpretar demasiado rápido
Uno de los mayores
errores en la vida emocional es convertir una interpretación en certeza.
Vemos a alguien serio
y pensamos:
“Está molesto.”
Un colaborador guarda
silencio y concluimos:
“No está
comprometido.”
Un cliente levanta la
voz y asumimos:
“Me está atacando.”
Sentimos palpitaciones
antes de exponer y pensamos:
“Estoy perdiendo el
control.”
Recibimos una crítica
y concluimos:
“No valoran mi
trabajo.”
Pero Lisa Feldman
Barrett nos recuerda que no podemos asumir con certeza lo que alguien siente
solo por su rostro o conducta aislada. Una expresión facial puede tener
significados distintos según el contexto.
Esto es vital para el
liderazgo.
Un líder que
interpreta rápido puede equivocarse rápido.
Puede etiquetar a
alguien como resistente, desmotivado, agresivo o poco comprometido sin haber
preguntado.
Por eso, una de las
frases más poderosas para un líder no es:
“Sé lo que te pasa.”
Es:
“Te noto diferente,
¿cómo estás interpretando esta situación?”
Esa pregunta abre
conversación.
Reduce suposiciones.
Invita a comprender.
Y evita que
confundamos nuestra interpretación con un hecho.
La trampa de la
positividad forzada
También existe otro
error frecuente: creer que la inteligencia emocional consiste en estar siempre
bien.
Ser positivo.
Sonreír.
No sentir tristeza.
No expresar miedo.
No mostrar
frustración.
No hablar de
incomodidad.
Susan David cuestiona
esta cultura de positividad forzada porque clasificar rápidamente las emociones
como “buenas” o “malas” puede alejarnos de información importante. Negar
tristeza, miedo, enojo o frustración puede impedirnos escuchar lo que esa emoción
está señalando.
En el trabajo esto
ocurre muchísimo.
“Acá venimos con buena
actitud.”
“No traigas
problemas.”
“Sé positivo.”
“No te quejes.”
“Todo está bien.”
Pero a veces no todo
está bien.
Y reconocerlo no es
falta de profesionalismo.
Es madurez.
El problema no es
sentir incomodidad.
El problema es actuar
sin conciencia desde esa incomodidad.
El modelo
R.E.S.P.O.N.D.E.
Para integrar las
ideas de Lisa Feldman Barrett y Susan David, propongo el modelo R.E.S.P.O.N.D.E.
R — Reconoce lo que aparece
E — Explora el contexto
S — Separa emoción de identidad
P — Precisa el nombre emocional
O — Observa el valor o necesidad detrás
N — Nombra nuevos significados posibles
D — Decide una acción coherente
E — Entrena antes del momento crítico
La idea central del
modelo es esta:
👉 La madurez emocional no consiste en apagar
lo que sentimos, sino en comprenderlo mejor para responder de manera más
consciente y coherente con nuestros valores.
1. Reconoce lo que
aparece
Concepto clave
El primer paso no es
controlar.
Es reconocer.
¿Qué noto en mi
cuerpo?
¿Tensión?
¿Calor?
¿Respiración rápida?
¿Nudo en el estómago?
¿Impulso de responder?
¿Ganas de evitar?
Lisa Feldman Barrett
propone separar sensación de interpretación. Antes de etiquetar una emoción,
conviene preguntarnos qué sensaciones notamos, qué está ocurriendo y qué otras
explicaciones son posibles.
Susan David también
empieza por reconocer sin negar:
“Esto es lo que estoy
sintiendo ahora.”
No se trata de
dramatizar.
Se trata de ser
honestos.
Aplicación laboral
Un cliente reclama con
fuerza.
Tu cuerpo se tensa.
Tu primera reacción
puede ser defenderte.
Pero antes de
responder puedes reconocer:
“Estoy notando
tensión. Estoy sintiendo urgencia de justificarme.”
Ese reconocimiento ya
crea una pequeña pausa.
Y en esa pausa aparece
una posibilidad.
Tips prácticos
✅ Antes de decir “estoy molesto”, identifica qué
notas en el cuerpo.
✅ No niegues la emoción ni la exageres.
✅ Cambia “no debería sentir esto”
por “esto es lo que está
apareciendo”.
✅ Recuerda: reconocer no significa obedecer.
✅ Una emoción reconocida pierde parte de su poder automático.
2. Explora el
contexto
Concepto clave
Ninguna emoción
aparece en el vacío.
El contexto importa.
¿Qué está ocurriendo
realmente?
¿Qué pasó antes?
¿Qué datos tengo?
¿Qué estoy suponiendo?
¿Qué experiencia
pasada puede estar influyendo?
Lisa Feldman Barrett
explica que el cerebro funciona haciendo predicciones. Utiliza experiencias
anteriores para anticipar qué está ocurriendo y qué acción puede ser útil.
Eso significa que a
veces no estamos reaccionando solo al presente.
Estamos reaccionando
al presente más nuestra historia.
Aplicación laboral
Tu jefe responde un
mensaje de manera breve.
Interpretación
automática:
“Está molesto
conmigo.”
Exploración del
contexto:
¿Tengo evidencia real?
¿Puede estar ocupado?
¿Suele escribir así?
¿Hay otra información que no estoy considerando?
La exploración evita
que tomes decisiones desde conclusiones apresuradas.
Tips prácticos
✅ Pregunta: “¿Qué está ocurriendo realmente?”
✅ Separa datos de suposiciones.
✅ Verifica antes de concluir.
✅ Recuerda que tu interpretación puede estar influida por experiencias
pasadas.
✅ No conviertas una señal ambigua en una certeza emocional.
3. Separa emoción
de identidad
Concepto clave
Una emoción es una
experiencia, no una identidad.
No es lo mismo decir:
“Soy ansioso.”
Que decir:
“Estoy notando
ansiedad.”
No es lo mismo decir:
“Soy un fracaso.”
Que decir:
“Estoy notando el
pensamiento de que he fracasado.”
Susan David propone
crear distancia entre tú y lo que sientes. En lugar de fusionarte con una
emoción temporal, puedes observarla como una experiencia que estás teniendo.
Esta distancia no
elimina la emoción.
Pero te permite
recuperar libertad.
Aplicación laboral
Recibes feedback duro.
Tu mente dice:
“No sirvo para esto.”
Puedes reformular:
“Estoy notando
vergüenza y el pensamiento de que no sirvo para esto.”
Esa frase parece
pequeña, pero cambia la relación con la emoción.
Ya no eres la emoción.
La estás observando.
Y si puedes
observarla, puedes elegir mejor qué hacer.
Tips prácticos
✅ Cambia “soy…” por “estoy notando…”.
✅ No conviertas un momento difícil en identidad
permanente.
✅ Observa el pensamiento sin tratarlo como verdad absoluta.
✅ Dale espacio a otras partes de ti: tus valores, tu criterio y tu propósito.
✅ La distancia psicológica abre libertad de respuesta.
4. Precisa el
nombre emocional
Concepto clave
No todas las emociones
difíciles son “estrés”.
A veces “estrés” es
preocupación.
O decepción.
O frustración.
O vergüenza.
O agotamiento.
O miedo.
O soledad.
O sensación de
injusticia.
Tanto Barrett como
David resaltan la importancia de nombrar con mayor precisión. Barrett señala
que un vocabulario emocional más preciso amplía opciones, porque decir “me
siento mal” ofrece menos información que distinguir frustración, preocupación,
vergüenza o decepción. David también invita a sustituir etiquetas generales por
palabras emocionales más específicas.
Nombrar mejor es
responder mejor.
Aplicación laboral
Dices:
“Estoy estresado por
esta reunión.”
Pero al mirar mejor
descubres:
“Estoy preocupado
porque no tengo toda la información.”
O:
“Estoy inseguro porque
temo que cuestionen mi propuesta.”
O:
“Estoy frustrado
porque siento que no se valoró mi trabajo.”
Cada nombre emocional
abre una acción diferente.
Preocupación puede
pedir preparación.
Inseguridad puede
pedir ensayo.
Frustración puede
pedir conversación.
Agotamiento puede
pedir recuperación.
Tips prácticos
✅ Evita quedarte solo en “bien”, “mal” o
“estresado”.
✅ Busca dos palabras más específicas.
✅ Pregunta: “¿Qué emoción
describe mejor esta experiencia?”
✅ Enseña a tu equipo a nombrar emociones con más
precisión.
✅ La granularidad emocional aumenta la claridad.
5. Observa el valor
o necesidad detrás
Concepto clave
Las emociones
difíciles suelen señalar algo importante.
Si algo me afecta,
puede ser porque algo me importa.
Susan David sostiene
que la incomodidad forma parte de una vida significativa. Amar, liderar,
emprender, cambiar o defender algo importante nos expone a incertidumbre,
pérdida y vulnerabilidad.
Por eso, en lugar de
preguntar solo:
“¿Cómo dejo de sentir
esto?”
También podemos
preguntar:
“¿Qué cosa
importante para mí está señalando esta emoción?”
Aplicación laboral
Sientes frustración
porque tu equipo no cumple un acuerdo.
Valor detrás:
Responsabilidad.
Sientes miedo antes de
presentar una propuesta.
Valor detrás:
Excelencia, reputación
o deseo de aportar.
Sientes tristeza
porque un proyecto terminó mal.
Valor detrás:
Compromiso, ilusión o
sentido de pertenencia.
Sientes enojo frente a
una injusticia.
Valor detrás:
Respeto o equidad.
La emoción no decide
por ti, pero puede mostrarte qué valor está en juego.
Tips prácticos
✅ Pregunta: “¿Qué me importa aquí?”
✅ No descartes una emoción difícil sin escucharla.
✅ Diferencia impulso de valor.
✅ Usa la emoción como información, no como mandato.
✅ Recuerda: lo incómodo también puede revelar lo valioso.
6. Nombra nuevos
significados posibles
Concepto clave
Una misma sensación
puede tener más de un significado.
Palpitaciones antes de
una exposición pueden interpretarse como:
“Estoy ansioso.”
Pero también como:
“Mi cuerpo se está
preparando.”
“Esto me importa.”
“Estoy activado para
responder.”
“Necesito enfocarme.”
Barrett propone que
cambiar el significado puede cambiar la experiencia. No se trata de negar lo
que sentimos ni de repetir frases positivas, sino de considerar significados
alternativos coherentes con el contexto.
Esto es clave.
No es autoengaño.
Es flexibilidad
interpretativa.
Aplicación laboral
Situación:
Un colaborador
pregunta varias veces por qué se tomó una decisión.
Interpretación
automática:
“Me está desafiando.”
Nuevo significado
posible:
“Tal vez necesita
claridad.”
“Tal vez está anticipando un riesgo.”
“Tal vez quiere entender para comprometerse mejor.”
La nueva
interpretación cambia tu respuesta.
Desde defensa:
“Porque así se
decidió.”
Hacia apertura:
“Buena pregunta. Te
explico el criterio y escucho si ves algún riesgo.”
Tips prácticos
✅ Pregunta: “¿Qué otra explicación es posible?”
✅ Busca interpretaciones útiles y realistas.
✅ No niegues el problema, amplía la lectura.
✅ Cambia certeza rápida por curiosidad.
✅ Una nueva interpretación puede abrir una nueva conducta.
7. Decide una
acción coherente
Concepto clave
Aquí entra la agilidad
emocional de Susan David.
Sentir no basta.
Entender tampoco
basta.
La pregunta final es:
¿Quién quiero ser
en esta situación?
David propone actuar
desde valores. La agilidad emocional aparece cuando dejamos de actuar
automáticamente desde el impulso y elegimos comportamientos conectados con la
persona que queremos ser.
Esto transforma la
emoción en liderazgo.
Aplicación laboral
Recibes una crítica.
Impulso:
Defenderte.
Valor:
Aprendizaje y respeto.
Acción coherente:
Escuchar, pedir
ejemplos y decidir qué información te sirve.
Un cliente reclama.
Impulso:
Justificarte.
Valor:
Servicio y solución.
Acción coherente:
Validar, preguntar,
aclarar y orientar.
Un colaborador falla.
Impulso:
Etiquetarlo como
irresponsable.
Valor:
Desarrollo y claridad.
Acción coherente:
Conversar con hechos,
impacto y expectativas.
Tips prácticos
✅ Separa “lo que siento” de “lo que elijo
hacer”.
✅ Completa: “Aunque siento ___, quiero actuar desde el valor de ___”.
✅ No confundas autenticidad con descarga impulsiva.
✅ Pregunta qué conducta representaría
mejor tus valores.
✅ La emoción informa; tus valores orientan.
8. Entrena antes
del momento crítico
Concepto clave
No se desarrolla
inteligencia emocional únicamente en medio de la crisis.
Se entrena antes.
Barrett enfatiza que
cambiar una respuesta en pleno momento emocional puede ser difícil. Parte de
nuestra capacidad futura se desarrolla con lo que practicamos y aprendemos
previamente.
Por eso, la regulación
emocional no se improvisa.
Se prepara.
Se ensaya.
Se practica.
Se conversa.
Se amplía el
vocabulario.
Se diseñan respuestas.
Se crean nuevos
significados.
Se acumulan
experiencias distintas.
Aplicación laboral
Si quieres responder
mejor ante clientes difíciles, no esperes estar frente al cliente molesto.
Practica antes.
Ensaya frases.
Analiza casos.
Amplía
interpretaciones.
Entrena validación
emocional.
Aprende a separar
hecho, sensación e interpretación.
Si quieres dar mejor
feedback, no esperes la conversación más difícil.
Practica estructura,
tono y ejemplos.
Si quieres liderar
bajo presión, no esperes la crisis.
Prepara al equipo
antes.
Tips prácticos
✅ Practica conversaciones difíciles antes de
necesitarlas.
✅ Amplía tu vocabulario emocional semanalmente.
✅ Crea rituales de reflexión después de momentos tensos.
✅ Diseña respuestas para situaciones que sabes que te
activan.
✅ La flexibilidad emocional futura se construye con entrenamiento
presente.
Aplicaciones para
liderazgo
Las ideas de Barrett y
David tienen implicancias profundas para líderes.
Un líder
emocionalmente maduro no reprime todo en nombre del profesionalismo, pero
tampoco deja que sus emociones gobiernen su conducta.
Pregunta antes de
interpretar.
Nombra con precisión.
No exige positividad
artificial.
Reconoce la
incomodidad.
Escucha lo que la
emoción señala.
Y luego actúa desde
valores.
Preguntas para
líderes
¿Estoy interpretando
la conducta de mi colaborador o verificando qué le ocurre?
¿Estoy confundiendo mi
interpretación con un hecho?
¿Estoy creando un
equipo donde las personas pueden expresar dificultades sin que se les exija
“ser positivas” inmediatamente?
¿Qué emoción difícil
estoy evitando en una conversación pendiente?
¿Qué valor quiero que
sea visible en mi comportamiento cuando el equipo está bajo presión?
¿Cómo puedo preparar
al equipo antes de situaciones emocionalmente exigentes?
Aplicaciones para
servicio al cliente
En servicio, muchas
tensiones aparecen porque el asesor interpreta el reclamo como ataque personal.
Cliente serio:
“Está molesto.”
Cliente que levanta la
voz:
“Me está atacando.”
Cliente que repite
varias veces lo mismo:
“No entiende.”
Pero una mirada más
consciente permite responder mejor.
Hecho:
El cliente habla
fuerte.
Sensación:
Siento tensión.
Interpretación
automática:
“Me está atacando.”
Nueva interpretación:
“Está frustrado y
necesita sentirse escuchado.”
Valor:
Servicio y respeto.
Acción:
“Entiendo su molestia.
Revisemos juntos qué ocurrió para poder ayudarlo.”
Esto no solo regula al
asesor.
También puede ayudar a
bajar la tensión del cliente.
Aplicaciones para
ventas
En ventas, las
emociones aparecen constantemente.
Miedo al rechazo.
Incomodidad para hacer
seguimiento.
Ansiedad frente a una
objeción.
Frustración cuando el
cliente no responde.
Vergüenza al hablar de
precio.
El modelo
R.E.S.P.O.N.D.E. ayuda a mirar esas emociones como información, no como
sentencia.
Ejemplo:
Situación:
El cliente dice “está
caro”.
Sensación:
Tensión.
Interpretación
automática:
“No va a comprar.”
Emoción precisa:
Inseguridad y presión.
Valor:
Ayudar a decidir bien.
Nuevo significado:
“El cliente necesita
entender valor, diferencia y retorno.”
Acción coherente:
“Entiendo. Para
evaluar mejor el precio, revisemos qué incluye, qué problema resuelve y qué
costo tendría no solucionarlo.”
Aplicaciones para
recursos humanos y capacitación
En recursos humanos,
el aporte es enorme.
No basta con enseñar
técnicas de comunicación, liderazgo o servicio.
También hay que
trabajar las interpretaciones y emociones que activan o bloquean esas técnicas.
Un líder puede saber
el modelo de feedback, pero evitar usarlo porque siente miedo al conflicto.
Un asesor puede
conocer el protocolo de atención, pero ponerse defensivo ante el reclamo.
Un vendedor puede
saber hacer preguntas, pero sentir vergüenza de profundizar.
Un equipo puede saber
colaborar, pero callar por miedo a equivocarse.
Por eso, la formación
en habilidades blandas necesita integrar:
lenguaje emocional,
interpretación de contexto,
valores,
práctica deliberada,
simulación,
feedback,
y reflexión.
No se trata solo de
enseñar qué hacer.
Se trata de preparar
emocionalmente a la persona para poder hacerlo cuando más lo necesita.
Dinámica para
taller: Hecho, sensación, historia y valor
Esta dinámica integra
a Barrett y David.
Pide a los
participantes recordar una situación emocional reciente.
Luego completa cuatro
columnas:
1. Hecho observable
¿Qué ocurrió sin
interpretación?
Ejemplo:
“El cliente levantó la
voz y pidió hablar con un supervisor.”
2. Sensación y
emoción
¿Qué noté en mi cuerpo
y qué emoción aparece?
Ejemplo:
“Tensión en el pecho.
Frustración y nerviosismo.”
3. Historia o
interpretación
¿Qué me estaba
diciendo mi mente?
Ejemplo:
“Me está atacando. No
me respeta.”
4. Valor y acción
¿Qué valor quiero
cuidar y qué acción sería coherente?
Ejemplo:
“Respeto y servicio.
Voy a validar su molestia, preguntar qué necesita y explicar el siguiente
paso.”
El aprendizaje central
es que no siempre podemos elegir la primera emoción, pero sí podemos entrenar
una mejor relación con ella.
Ejercicio de 7
días: diario R.E.S.P.O.N.D.E.
Durante una semana,
registra una situación emocional al día.
Responde:
R — Reconoce: ¿Qué noté en mi cuerpo?
E — Explora: ¿Qué estaba ocurriendo realmente?
S — Separa: ¿Qué pensamiento o emoción estaba tomando como identidad?
P — Precisa: ¿Qué emoción específica sentí?
O — Observa: ¿Qué valor o necesidad estaba detrás?
N — Nombra: ¿Qué otro significado posible podía considerar?
D — Decide: ¿Qué acción coherente elegí o podría elegir?
E — Entrena: ¿Qué practicaré antes de que vuelva a ocurrir?
Al final de la semana
busca patrones.
¿Qué situaciones te
activan más?
¿Qué interpretaciones
repites?
¿Qué emociones nombras
con poca precisión?
¿Qué valores aparecen
con frecuencia?
¿Qué conducta
necesitas entrenar?
Frases de
reencuadre para practicar
En lugar de:
“No debería sentir
esto.”
Prueba:
“Esto es lo que estoy
sintiendo ahora; puedo decidir qué hacer con ello.”
En lugar de:
“Estoy perdiendo el
control.”
Prueba:
“Mi cuerpo está
activado; puedo usar esta energía para enfocarme.”
En lugar de:
“Me están atacando.”
Prueba:
“Estoy interpretando
esto como ataque; necesito verificar qué está pasando.”
En lugar de:
“Soy un fracaso.”
Prueba:
“Estoy notando el
pensamiento de que he fracasado.”
En lugar de:
“Todo está bien.”
Prueba:
“Esto es difícil y
puedo afrontarlo con honestidad.”
En lugar de:
“Mi emoción manda.”
Prueba:
“Mi emoción informa;
mis valores orientan mi acción.”
Precisión
importante
Ni Barrett ni David
nos invitan a negar la realidad emocional.
Barrett no dice que
podamos escoger cualquier emoción a voluntad ni que las emociones sean
imaginarias. Su argumento es que el cerebro participa activamente en
construirlas y que experiencias pasadas, conceptos y contexto influyen en ese
proceso.
David tampoco propone
eliminar, controlar o racionalizar todas las emociones. La agilidad emocional
consiste en relacionarnos con nuestras experiencias internas con apertura,
curiosidad y perspectiva para no quedar atrapados en ellas y poder actuar de acuerdo
con nuestros valores.
Esta precisión es
clave.
La inteligencia
emocional no consiste en volverse frío.
Tampoco en estar feliz
todo el tiempo.
Tampoco en justificar
reacciones dañinas diciendo “así me siento”.
Consiste en reconocer,
comprender, nombrar, tomar distancia y responder mejor.
Conclusión
Las charlas de Lisa
Feldman Barrett y Susan David nos dejan una enseñanza profundamente humana:
No estamos
completamente a merced de nuestras emociones.
Pero tampoco somos
máquinas que pueden apagar lo que sienten.
Somos personas que
pueden aprender a construir mejores significados, ampliar su lenguaje
emocional, escuchar lo que las emociones señalan y elegir conductas más
coherentes con sus valores.
La emoción aparece.
El cuerpo habla.
La mente interpreta.
La historia influye.
El contexto pesa.
Pero entre todo eso y
nuestra conducta puede abrirse un espacio.
Un espacio para
preguntar.
Un espacio para
nombrar.
Un espacio para
respirar.
Un espacio para
escuchar.
Un espacio para
elegir.
Ese espacio es donde
vive la madurez emocional.
Y el modelo R.E.S.P.O.N.D.E.
nos recuerda que no se trata de sentir menos.
Se trata de responder
mejor.
La frase que resume
este artículo sería:
👉 Tus emociones son reales y merecen ser
escuchadas, pero no tienen que gobernar tu conducta; puedes aprender a
comprenderlas, darles significado y actuar desde tus valores.
Porque al final, la
inteligencia emocional no se mide solo por lo que sentimos.
Se mide por la forma
en que elegimos vivir, liderar, servir y relacionarnos con aquello que
sentimos.
Julio Guerrero León es consultor y facilitador especializado en habilidades blandas, liderazgo, servicio al cliente y ventas. Cuenta con más de 20 años de experiencia desarrollando personas y equipos en empresas de diversos sectores en Perú y Latinoamérica. Es creador de metodologías aplicadas al desarrollo de líderes y equipos de alto desempeño, y comparte contenidos prácticos para transformar la teoría en acciones concretas que generen resultados.
Referencias
- Lisa Feldman Barrett — You aren’t at
the mercy of your emotions — your brain creates them. TED@IBM, 2017.
- Susan David — The gift and power of
emotional courage. TEDWomen, 2017.
- Resumen práctico adjunto — No estás a
merced de tus emociones, basado en la charla de Lisa Feldman Barrett.
- Resumen práctico adjunto — El regalo y
el poder del coraje emocional, basado en la charla de Susan David.
- Lisa Feldman Barrett — How Emotions Are
Made.
- Susan David — Emotional Agility.
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